Murió trágicamente en una panadería

Tenía solo 16 años. Fue a trabajar como cada noche, sin saber que sería la última. Una amasadora industrial lo atrapó y lo mató de la forma más atroz. La tragedia ocurrió en abril de 2004. A diferencia de otros adolescentes, Fabián no tenía descanso ni siquiera los viernes a la noche. Mientras sus amigos se preparaban para una fiesta de cumpleaños, el adolescente se encontraba trabajando en la panadería en donde cumplía turno hasta la madrugada. “Voy más tarde, cuando salga del trabajo”, les dijo el chico de 16 años, como promesa de que estaría allí. Cada una estaba en lo suyo en esa panadería situada en la esquina de las calles Florida y Santiago Funes, casi en el centro del Jáchal. Dos de los empleados se hallaban ocupados en el sector del horno y Fabián realizaba tareas en una habitación contigua en la que funcionaba la amasadora industrial. No había nadie más que el chico en ese lugar, así que nunca se supo qué pasó. Faltaban treinta minutos para la medianoche de ese viernes 16 de abril del 2004, cuando se escuchó un fuerte alarido. Fue un grito estremecedor que hizo retumbar las paredes y las ventanas del local y que jamás olvidarían. Los otros dos empleados se dieron cuenta de que provenía del sector del amasado, de modo que corrieron en esa dirección y en esos segundos se toparon con una espantosa escena. El adolescente estudiaba la secundaria y a la noche trabajaba en esa panadería para ayudar a su madre a mantener a sus dos hermanos menores y su hogar. El chico estaba dentro de la amasadora, cubierto de masa, atrapado entre los brazos metálicos de la máquina industrial. Solo sobresalían sus piernas, el resto del cuerpo había quedado todo retorcido dentro del tazón. Las paletas de la amasadora, esas que giran con fuerza para mezclar decenas de kilos de harina, se habían detenido y mantenían aprisionado el delgado cuerpo del adolescente como una trampa mortal. Fabián no mostraba signos vitales. Los testimonios de aquel entonces aseguraron que las cuchillas le provocaron grandes heridas en el cráneo y el abdomen. También presentaba cortes profundos en el pecho y el brazo izquierdo. La sangre se mezclaba con la masa. El horror era total.
Ni los empleados ni el dueño de la panadería pudieron hacer algo para salvar al adolescente, menos para retirarlo de la bacha de la máquina, así que salieron a buscar ayuda. Después del espanto, vino la parte más dura: esperar que los peritos de Criminalística, policías de la Comisaría 21ra y un técnico electricista desarmaran la máquina para sacar los restos del chico. Esa penosa tarea tomó toda la noche. Nadie supo explicar cómo fue que Fabián terminó allí. Algunos dijeron que quizás se atascaron las paletas y él metió sus brazos para intentar moverlas, sin antes apagar el aparato. Lo cierto fue que cayó dentro de esa olla gigante y las paletas giratorias lo succionaron. Las informaciones indicaron que no contaban con medidas de seguridad y la taza de la amasadora no contaba con la rejilla protectora, justamente para evitar accidentes como estos. Los funcionarios policiales y judiciales investigaron si había medidas de seguridad en el lugar y en qué condiciones estaba el adolescente en ese lugar. Era un menor de edad, además aparentemente trabajaba sin contar con elementos de protección y ningún mayor estaba supervisando o controlando su tarea. Esa noche, Fabián no llegó a reunirse con sus amigos en la fiesta de cumpleaños y su familia no volvió a verlo más. El adolescente trabajaba porque su familia era de escasos recursos y ayudaba a su madre a mantener a sus dos hermanos menores. Ella cobraba solo un Plan Jefes y Jefas de Hogar. Y él se las arreglaba para poder cursar el segundo año del polimodal de la Escuela de Agricultura Dr. Manuel Belgrano de Jáchal y a la noche cumplía tareas de ayudante en esa panadería de la familia Ferreyra. Hoy pocos recuerdan el nombre de ese chico y no se habló más del caso en los medios. Tampoco se supo si imputaron alguna responsabilidad penal al dueño o si hubo una demanda civil por la muerte del adolescente. Pero esa noche de abril de 2004, Jáchal vivió uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente. Fuente DdeC

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